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Scioli otra vez con la mezquindad de salvarse solo

 Daniel Scioli desembarcó en Mar del Plata con una promesa tentadora: la posible vuelta de cruceros en octubre. Una frase hecha para titulares rápidos, sonrisas de ocasión y videos de gestión. El problema es que después de la foto viene el puerto real. Y ahí el anuncio hace agua.

Infopuerto consultó a empresarios, permisionarios, trabajadores, comerciantes de la zona y otros actores vinculados a la actividad portuaria. El resultado fue lapidario: más del 90% coincidió en no convalidar la escena y en respaldar la postura del presidente del Consorcio Portuario Regional de no mezclarse en una movida que, según interpretan en el sector, tuvo más de montaje político que de proyecto serio.

Scioli no es un recién llegado. Es un veterano de la elasticidad ideológica: fue funcionario de Menem, diputado, vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernador con Cristina, ministro de Alberto Fernández, embajador en Brasil y hoy secretario de Turismo y Ambiente de Javier Milei. Cambió de jefes, de uniforme y de tribuna. No cambió el método: anunciar primero, explicar después y, si se puede, que otro pague el costo.
El puerto no quiso actuar de extra
Según dijo Scioli ante los medios, desde el Consorcio no le contestaron. En el puerto dan otra versión, bastante menos inocente: no quisieron prestarse al decorado. No porque estén en contra de que vuelvan los cruceros. Al contrario. Lo que no compran es que se quiera instalar como inminente algo que hoy no tiene resuelto ni lo básico.
Y cuando el Consorcio no se subió al libreto, Scioli buscó una salida. Literal. Trasladó a la comitiva a la Base Naval y propuso evaluar la Base de Submarinos como alternativa para el arribo del crucero. Hubo observación, mediciones y recorrido. También interés del capitán Eriksen. Todo muy prolijo para la postal. Todo muy débil para la operatoria.
Porque una cosa es caminar un muelle. Otra, bastante distinta, es meter un crucero de gran porte en un sector que hoy genera más preguntas que certezas.
El problema no es el relato: es la profundidad
En el puerto todos se hacen la misma pregunta y nadie obtiene una respuesta seria: ¿cómo piensan hacer entrar un crucero de gran calado hasta ese lugar?
La última vez que ingresaron cruceros, lo hicieron con traza directa hacia las zonas 8 y 9. Lo que ahora se dejó trascender como alternativa supone giros, maniobras y un recorrido más forzado hacia un área que, según remarcan distintas fuentes portuarias, no tiene hoy la profundidad suficiente.
Ahí se termina el acting y empieza la realidad.
Porque no se trata de entusiasmo. Se trata de metros. De fondo. De seguridad. De maniobra. De dragado. Palabras menos glamorosas que “reactivación turística”, pero bastante más decisivas cuando hay que entrar un buque de gran porte sin hacer papelones ni correr riesgos.
Según lo que reconstruyó Infopuerto, habría que dragar 1.900 metros lineales en los próximos seis meses para volver operativa esa alternativa. Y no alcanza con anunciarlo al paso. Hay que redactar el pliego, abrir la licitación, adjudicar y ejecutar la obra. Todo eso en tiempo récord. O sea: octubre no parece una meta, parece un truco de campaña con calendario vencido.

En el sector hay una lectura política que se repite casi sin esfuerzo. Scioli fue a montar una escena donde, pase lo que pase, él intenta sacar ventaja. Si el tema prospera, se anota la medalla. Si fracasa, deja sembrada la idea de que quiso hacer y otros lo frenaron. Negocio político impecable. Viabilidad técnica, bastante menos.

Por eso el malestar no pasa solo por el anuncio, sino por el mecanismo. Otra vez la promesa antes que el expediente. Otra vez la declaración antes que la obra. Otra vez la política intentando doblar con relato lo que el puerto exige resolver con dragas, estudios y decisiones concretas.

Nadie en el puerto discute que el regreso de cruceros sería una gran noticia para Mar del Plata. Lo que se discute es la venta de una ilusión sin fondo, sin tiempos y sin garantías. Porque un crucero no entra por voluntad, ni por spot, ni por conferencia de prensa. Entra con profundidad, planificación y obra ejecutada.

Todo lo demás es humo de muelle.

Y en esta historia, por ahora, Scioli llevó cámaras. Pero no llevó respuestas.

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