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Diputado Libertario Pelli, de avalar la violencia a atentado contra la democracia

El Diputado libertario Federico Pelli, lamentablemente recibió su propia medicina.

En abril del 2023 avaló con un tweet y que luego tomó toda la prensa tucumana, una cobarde agresión al entonces Ministro de Seguridad Bonaerense Sergio Berni.

Un viejo tuit volvió a poner a Federico Pelli frente a su peor adversario: su propio archivo. El diputado libertario, que en su momento relativizó la cobarde agresión que sufrió Sergio Berni, hoy denuncia violencia política tras haber sido atacado en Tucumán. Ayer justificaba. Hoy exige condena. El problema no es sólo la contradicción: es la doble vara.Decía “Poner la cara y seguir vendiendo relatos tiene su riesgo”.

El archivo no perdona. Y cuando vuelve, suele pegar más fuerte que cualquier discurso indignado.

En las últimas horas reapareció un viejo tuit de Federico Pelli que expone una contradicción difícil de disimular. En aquel mensaje, escrito tras la cobarde agresión que sufrió Sergio Berni durante una protesta de colectiveros en La Matanza, el hoy diputado de La Libertad Avanza había elegido el sarcasmo antes que la condena: “Poner la cara y seguir vendiendo relatos tiene su riesgo”.

La frase, en su momento viral, hoy adquiere otro peso. No por nostalgia de archivo, sino por el brutal contraste con el presente. Es que Pelli fue recientemente víctima de una agresión en Tucumán, donde una persona lo atacó con un violento cabezazo que le fracturó el tabique. Desde entonces, el legislador se presenta como víctima de violencia política y reclama repudio social e institucional.

Ahí aparece el cortocircuito. Ayer, cuando el golpe lo recibía otro, la violencia parecía explicable, casi una derivación lógica de la “soberbia” del agredido. Hoy, cuando el agredido es él, el episodio escala a la categoría de ataque institucional, persecución y amenaza contra la democracia. El problema no es que Pelli condene la violencia ahora. Eso corresponde. El problema es que antes no la condenaba: la racionalizaba.

El archivo como espejo

La política argentina está llena de dirigentes que descubren principios cuando les toca perder, sufrir o quedar del lado incómodo del mostrador. Pelli acaba de entrar en esa galería. Su viejo tuit no es apenas una frase desafortunada. Es una forma de mirar la violencia según quién la reciba.

Cuando Berni fue atacado, la lectura libertaria que expresó Pelli eligió el camino de la justificación moral: si te pegan, algo habrás hecho; si te exponés, bancate las consecuencias; si “vendés relatos”, el riesgo corre por tu cuenta. Era una forma elegante —o cobarde— de avalar una trompada de atrás.

Ahora el tono cambió. Ya no se trata de “bancarse el riesgo”. Ahora se exige condena, solidaridad, rechazo institucional y alarma democrática. Todo válido. Todo necesario. Pero también todo atravesado por una pregunta incómoda: ¿vale sólo cuando la víctima es propia?

La doble vara libertaria

El caso Pelli no expone únicamente una contradicción personal. También vuelve a mostrar una marca más amplia de La Libertad Avanza: la costumbre de medir la gravedad de los hechos según la conveniencia del momento.

Cuando la violencia golpea al adversario, aparecen las burlas, el relativismo o las teorías sobre la responsabilidad de la propia víctima. Cuando la violencia toca a los propios, entonces sí se activa el lenguaje solemne: atentado, persecución, odio, degradación democrática. Esa elasticidad moral no es un detalle. Es parte del problema.

Algo parecido ocurrió en otros episodios recientes, donde dirigentes libertarios sobreactuaron denuncias, apuntaron contra toda la oposición y terminaron atrapados en su propia lógica de exageración y victimismo selectivo. Mucho dedo acusador. Poca coherencia.

La política no puede naturalizar la violencia según la camiseta de la víctima. No puede condenarla cuando conviene y justificarla cuando rinde en redes. No puede pedir institucionalidad para los propios y cinismo para los demás. Porque ahí ya no hay principio: hay oportunismo.

El viejo tuit de Pelli vale más por lo que revela que por lo que dice. Revela una doble moral peligrosa. Revela una práctica cada vez más extendida: convertir la violencia en herramienta retórica cuando le pega al otro y en escándalo republicano cuando toca a los propios.

Y revela, además, una verdad incómoda para el diputado libertario: a veces el primer agresor no es el que pega, sino el que legitima el golpe cuando el golpe cae en la cara ajena.

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